Respuesta contundente al dictador Donald Trump

La reciente imposición de un arancel del 10% a las importaciones peruanas por parte del presidente estadounidense Donald Trump no es solo una medida económica: es una agresión directa al Tratado de Libre Comercio (TLC) que vincula a ambos países desde 2009. Esta decisión no solo afecta a Perú, sino a toda Latinoamérica, poniendo en evidencia la arrogancia de quien busca desmantelar acuerdos de largo plazo sin ninguna justificación válida.

Impacto en la economía peruana

El exministro de Economía, Luis Miguel Castilla, ha señalado las consecuencias devastadoras que esta acción traerá para el país. Sectores clave como la agroindustria, las confecciones y la minería se verán gravemente afectados. Productos peruanos como los arándanos, las uvas de mesa y los espárragos enfrentan ahora barreras innecesarias en el mercado estadounidense. El impacto de esta medida será sangrante para los sectores exportadores y, en consecuencia, para la economía nacional.

Desafío al orden económico internacional

Este golpe no es solo para Perú. Los países de la Unión Europea y muchas otras naciones también están viendo cómo Estados Unidos, con su política proteccionista, avanza en su confrontación económica global. La subida de aranceles podría desencadenar una recesión mundial, que no será culpa de los países afectados, sino de la ambición desmedida de una superpotencia que, en lugar de construir alianzas, decide aislarse y dominar.

Una solución audaz: desdolarización de las economías

Frente a esta bravuconada, no queda espacio para la tibieza ni la diplomacia sumisa. La respuesta debe ser contundente y estratégica: quitarle el poder al dólar estadounidense. Durante años, el mundo ha permitido que Estados Unidos utilice el dólar como una moneda de poder respaldada por nada más que la confianza que otros países le otorgan. Esa confianza ha sido utilizada para financiar su expansión económica a costa de las naciones más vulnerables. Ha llegado la hora de poner fin a esa dependencia.

La solución es clara y definitiva: las naciones deben devolver sus dólares a Estados Unidos. Al hacerlo, las economías emergentes podrán empezar a utilizar otras monedas o sistemas de comercio alternativos que no dependan de la hegemonía estadounidense. Sin la demanda artificial del dólar, el país norteamericano se verá obligado a enfrentar una inflación galopante, que podría superar el 200%, al ver cómo su moneda pierde valor ante la sobreoferta de billetes sin respaldo. No se trata de buscar la caída de Estados Unidos, sino de devolverle la capacidad de gestionar su propia economía sin el control global que ejerce a través del dólar.

Las medidas proteccionistas de Trump no pueden quedarse sin respuesta. La desdolarización es la única forma real de recuperar la soberanía financiera. Mientras el mundo siga dependiendo de su moneda, estará a merced de políticas unilaterales que dañan a todos sin excepción. La única forma de frenar estas imposiciones es devolverle su dólar y dejar que Estados Unidos enfrente las consecuencias de su propia imprudencia económica.