Un imán financiero impulsado por la estrategia económica de Trump
La reindustrialización de Estados Unidos ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad palpable. Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la nación norteamericana ha desplegado un ambicioso paquete de incentivos fiscales, desregulación y subsidios estratégicos que han logrado lo impensable: atraer inversiones masivas de gigantes industriales y tecnológicos de todo el mundo. Empresas que antes preferían operar en Asia, Europa o América Latina ahora redirigen sus capitales hacia suelo estadounidense, desatando un fenómeno sin precedentes en la economía global.
Los incentivos que están transformando el juego
El atractivo de EE.UU. para las grandes corporaciones radica en una serie de políticas diseñadas para maximizar su rentabilidad. Entre los beneficios más destacados se encuentran la reducción del impuesto corporativo federal, la deducción inmediata de inversiones en infraestructura y la facilitación de trámites regulatorios. Además, programas como el CHIPS Act han otorgado subvenciones millonarias para sectores estratégicos como los semiconductores, la inteligencia artificial y la energía.
A esto se suman las exenciones fiscales estatales y locales que convierten a ciertas regiones en auténticos paraísos para la inversión industrial. La combinación de estos factores ha convertido a EE.UU. en el epicentro del crecimiento empresarial, desplazando a economías emergentes que tradicionalmente dominaban la manufactura y la tecnología.
Los gigantes que apuestan por EE.UU.
El impacto de estas políticas se refleja en una lista creciente de corporaciones que han decidido trasladar o expandir operaciones en territorio estadounidense. Samsung Electronics encabeza la ola de inversión con un ambicioso plan de 40,000 millones de dólares para el desarrollo de semiconductores y baterías en Texas, lo que generará 15,500 empleos.
El titán taiwanés TSMC ha comprometido 100,000 millones de dólares para fabricar chips avanzados en Arizona, una inversión clave para garantizar la autonomía tecnológica de EE.UU. en la guerra comercial con China. Apple, por su parte, ha anunciado un paquete de inversión de 500,000 millones de dólares hasta 2029, con la meta de generar 20,000 nuevos empleos en múltiples estados.
El sector farmacéutico también se suma a esta reindustrialización con proyectos como el de Eli Lilly, que inyectará 27,000 millones de dólares en Indiana, o Merck, que destinará 8,000 millones a su expansión en Carolina del Norte.
Pero el verdadero golpe de autoridad proviene del ámbito tecnológico, donde colosos como Microsoft (40,000 millones de dólares), Meta (Facebook) (65,000 millones), SoftBank (100,000 millones) y el revolucionario Stargate Project (OpenAI + Oracle + SoftBank) con 500,000 millones están redefiniendo el futuro de la computación y la inteligencia artificial desde suelo estadounidense.
Empresas que abandonan México y Canadá para regresar a EE.UU.
El fenómeno también ha impactado a países vecinos como México y Canadá, que comienzan a sentir los efectos de la fuga de inversiones. Empresas emblemáticas como General Motors y Stellantis (Jeep, Chrysler) han iniciado la relocalización de fábricas para evitar los aranceles del 25% impuestos por Trump a las camionetas fabricadas fuera de EE.UU.
En el sector tecnológico, LG Electronics evalúa el traslado de sus plantas desde México para aprovechar los nuevos beneficios fiscales. La compañía de refrigeración comercial Koxka ya ha iniciado la mudanza de su producción hacia EE.UU., priorizando la cercanía con sus clientes y los incentivos industriales.
¿El fin de la globalización industrial?
El ascenso de EE.UU. como potencia manufacturera y tecnológica no solo está generando cientos de miles de empleos bien remunerados, sino que también está reconfigurando las dinámicas de la globalización. La tendencia hacia la relocalización de industrias críticas podría marcar el declive de las cadenas de suministro dispersas y dar paso a una nueva era de producción localizada.
El desafío ahora recae en otras regiones del mundo, especialmente en América Latina, que deberá decidir si responde con reformas económicas similares o si arriesga perder inversiones clave frente al renovado atractivo estadounidense.
La pregunta es inevitable: ¿Estamos presenciando el resurgimiento de EE.UU. como la fábrica del mundo?